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NOS JODIMOS CONTIGO, FEÑA FLORES

"Jodiste, porque no te voy a dar entrevistas por un año, por puras preguntas huevonas. Te jodiste conmigo (sic)", le dijo.
Siempre es gracioso cuando alguien mete la pata. Ahora le tocó al senador ex Concertación, hoy Chileprimero, Feña Flores, quien acaba de aliarse con la derecha para las elecciones presidenciales y brindar su maravilloso apoyo a Seba Piraña.
¿Será un montaje del Feña Flores para ensuciar la imagen de la coalición con el cambio?
¡¿Será acaso el Feña Flores un doble agente?!
No. A continuación Flores y sus berrinches en CNN Chile.
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NO VOTO, Y QUÉ PASA!

Odio cuando la gente dice que “el que no vota, no opina”. También me carga cuando la gente no vota por floja, y también detesto que todos crean que uno no vota por flojo. Odio las generalizaciones, en general.
Yo no voto, creo que ya habían entendido esa parte. Y además, soy de las personas que sufren de la “discriminación” en una discusión política (o simple pataleo) con el “estás inscrita? -no- Entonces no opines”.
Como si uno adquiriera un superpoder al participar en las elecciones. Un superpoder que te da el DERECHO de hablar del gobierno, de criticar al gobierno, de alegar por algo. Los que votan -al parecer- pueden alegar por lo que se les ocurra. Total: votan... Es ridículo.
No voto porque no quiero. Y no quiero votar porque no creo en, primero la “democracia” que profesan -enaltecen, dan hijos-, y segundo porque no creo que sea la forma de “organizar la sociedad”. No es fácil explicar esta postura sin que te tilden de anarka.
Bueno pues no lo soy, y no me importa que se pongan a pensar en como pienso y darle un nombre -ojalá ofensivo, peyorativo o predecible-, mientras no analicen sus formas facilistas, egoistas e inocentes de pensar y actuar.
Lo que si quiero que comprendan, es que si no voto, no es porque no esté ni ahí con lo que suceda en mi país. De hecho me importa, y harto. Pero NO voy a participar en falsas democracias. No creo en los partidos políticos, porque los he visto desde dentro, pero sí creo en las organizaciones populares. Esas que nacen por necesidad, entre las mismas personas. Como por ejemplo la organización estudiantil (que aunque bastante viciada) puede lograr grandes cosas si deja de ser manipulada por los mismos partidos políticos que hoy tanto odio.
Me tiene totalemente sin cuidado quién salga en las próximas elecciones. Porque hay un grupo de personas (si, sorpresa, son personas) que aunque el dólar esté a 400 o 800 pesos chilenos, aunque la bolsa de la conchinchina caiga abruptamente, que aunque el capitalismo esté en crisis o en su mayor auge, son y van a ser olvidadas. Y aunque salga quien salga, este grupo de personas seguirá olvidada y marginada del país como si fueran parte de un mundo paralelo. Y no me digan que no. Hay más de 150 años de historia que nos lo demuestran.
Por eso creo en la organización popular. Es la única forma de lograr realmente lo que es justo y digno. Las motivaciones de una organización “entre nosotros mismos” es el simple sueño de vivir mejor. No hay intereses más que los de libertad, de dignidad. Inscribirse y votar, no es ni siquiera la la forma más fácil de hacer algo por la sociedad, es solamente la forma más fácil de creer que se hace algo.
Y me da asco ver a los candidatos en sus fotos en la alameda. Me da risa su desesperado “último día de campaña”. Y me da pena que haya mucha gente que aun crea en este sistema de elecciones: “El circo sigue, cambian los payasos”.
Dije que odiaba las generalizaciones. Porque no quiero afirmar que todos los políticxs sean unos sucixs codiciosxs. Debe haber más de uno que realmente confíe ilusamente en la democracia y quiera trabajar por su comuna blablabla. Y eso me da pena, porque terminará siendo manejado por su partido, será corrompido, y sus sueños -también- se irán a la maderfoker.
No te inscribas: organízate.
Anula. Ya tú sabes con qué.
CHILE 2010

by Andrea Guerrero, para sardinaescapista.blogspot.com (ESTE BLOG)
BLOG PERSONAL:http://bailoenlacalle.blogspot.com/
Pero entendamos qué celebraremos en tres años más. Se celebrarán, supuestamente 200 años (oh! doscientos años!) de independencia de Chile (o es lo que la opinión pública comenta). Por cierto eso es un error, recordemos que el 18 de Septiembre nunca se ha celebrado un año más de país independiente, sólo se recuerda el inicio de un proceso independentista y la formación de la primera junta de gobierno, dirigida por Mateo de Toro y Zambrano… Luego de eso, vendría la reconquista y finalmente en 1818, el 12 de Febrero, la firma del acta de independencia (la patria nueva).
Mas entendamos esta celebración y dejémosla como “válida”, ya que tampoco sería válido, entonces, la celebración de cada 18 de septiembre, y sería muy difícil cambiar una costumbre tan arraigada al subconsciente colectivo.
Ahora veamos, dentro de toda esta euforia-patriotica, qué es lo que vamos a celebrar; qué es lo que tanto hemos avanzado en estos doscientos años de vida “independiente”.
Podemos ver, que a estas alturas nos encontramos con una educación tristemente mediocre, a nivel nacional y en cuando a la educación municipalizada/gratis. Y creyéndonos, nosotros, los jaguares de Latinoamérica, deberíamos saber que los niveles de educación son iguales a los del Perú; el tema de la educación ha sido el gran desaire de los gobernantes de la concertación, que en todas, digo EN TODAS, sus campañas han llenado sus bocas con el tema y nada ha pasado.
Veamos la salud, veamos la vivienda social, veamos las condiciones laborales y el sueldo mínimo, veamos la libertad de expresión, incluso los medios de comunicación masiva (que son manejados por “los menos”).
La cosa es que, a ojos mundiales Chile está perfecto, Chile es un país que crece, Chile es un país que tiene altos índices de esperanza de vida, y el cobre (pf!) por las nubes.
Es cierto que Chile tiene índices macroeconómicos increíbles para un país tercermundista, pero lo más cierto y preocupante es que la microeconomía es vergonzosa y lo peor es que no se le da mayor importancia.
Quizás, más que las grandes obras públicas que se pretenden para el 2010, se debería empezar a saldar las deudas históricas que se tienen con la ciudadanía que da su voto cada elección. Y dejar de aumentar el presupuesto de la nación en años próximos a las elecciones (como recientemente se hizo justamente a un año de las municipales).
El Chile del BICENTENARIO debería ser reflejo de todo lo que se ve en los producidos documentales de la televisión nacional, y debería crecer desde abajo (microeconomía) hacia arriba (macroeconomía), para lograr esa nación sustentable, primer mundista y llegar al desarrollo total.
Hoy no tenemos nada de admirable, ni el 2010 lo tendremos; pero hoy podemos empezar a trabajar para lograr la nación que anhelamos y merecemos por estos 200 años de accidentada historia.-











